
El pasado miércoles, 15 de octubre, asistí a la presentación de la apertura de la primera boutique de Montale Parfums en Barcelona. Un nuevo espacio que se suma al mapa olfativo de la ciudad y que, desde su apertura, se convierte en parada obligada para los amantes de la perfumería de autor.


Me hizo especial ilusión reencontrarme con Jorge Martín, fundador de 5th Essence Square y propietario de la nueva boutique —la más grande de Montale y Mancera en Europa—, con quien hacía tiempo que no coincidía. Fue él quien me acompañó en la visita, deteniéndose en cada detalle: las maderas nobles, los reflejos de pan de oro, el brillo del bronce, el aire parisino que evoca el estilo Haussmann. Todo el espacio respira la misma elegancia atemporal que define el universo Montale: lujo silencioso, profundidad, magnetismo.



Durante la mañana, Amélie Montale, directora creativa de Mancera Parfums, nos presentó el universo de ambas casas —Montale Paris y Mancera Paris—, dos visiones unidas por la misma pasión: el arte de perfumar la piel y el alma.


Montale Paris, fundada en 2003 por Pierre Montale, es intensidad, elegancia y misterio. Sus creaciones —auténticas joyas olfativas— combinan el savoir-faire francés con la tradición oriental. Oud, rosa, ámbar, vainilla… fragancias que cuentan historias de viaje y evocan el lujo más sensorial.

Mancera Paris, nacida en 2008 como fruto de la colaboración entre Pierre y su hija Amélie, traduce ese legado en un lenguaje contemporáneo. Ella, fotógrafa y artista visual, aporta una mirada moderna inspirada en el Art Déco, donde la geometría, el color y la materia construyen una perfumería estructurada, depurada, sofisticada. Si Montale es lo místico y lo exótico, Mancera es la claridad y la forma; dos visiones que se reflejan y se equilibran.
En esta jornada, Amélie nos presentó dos novedades que capturan la esencia del cambio de estación.

Be My Plum, de Montale, es una oda al instante suspendido entre el verano y el otoño. Una fragancia que se vive sobre la piel: jugosa, cálida, provocadora. Ciruela verde y pimienta rosa abren un juego chispeante que se transforma con la calidez del cuerpo; flores blancas, coco, vainilla y un toque de oud componen un perfume sensual y adictivo. No es dulzura, es magnetismo. Una invitación a dejar huella.

Por su parte, Ombre Tonka, de Mancera, celebra el contraste entre luz y sombra. Una composición que nació, según Amélie, de un juego: introducir el pistacho en una estructura oriental y amaderada. El resultado es un perfume gourmand con carácter, donde la haba tonka venezolana se entrelaza con el pistacho turco, la vainilla de Madagascar y el benjuí de Sumatra, en una danza elegante entre dulzura y fuerza. Su estela cálida y moderna encarna la esencia de Mancera: el lujo que susurra, la confianza que no necesita palabras.



Después de descubrir ambas creaciones, disfrutamos de una visita privada a la Casa Batlló, una extensión natural del universo Montale y Mancera. La arquitectura viva de Gaudí, sus curvas orgánicas y su luz cambiante dialogaban con la idea del perfume como arte que respira y evoluciona. Ambos transforman el espacio, ambos son una forma de emoción tangible.



La jornada culminó con una comida fantástica en el restaurante JOK, donde los aromas dieron paso a los sabores, completando un día pensado como un auténtico viaje sensorial.

La apertura de Montale Barcelona no es solo la llegada de una boutique más: es la materialización de un concepto —el perfume como experiencia estética total—, un encuentro entre Oriente y Occidente, entre tradición y modernidad, entre arte y piel. En pleno corazón de Rambla Catalunya, este nuevo espacio se convierte en el escenario donde las emociones toman forma, dejando en el aire la huella invisible de la belleza.


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