
La primera vez que vi una colección de eikō ai fue en la primavera de 2020, durante su desfile «Quantum One» en la 080 Barcelona Fashion. Recuerdo perfectamente salir de allí con la sensación de que aquella firma tenía algo distinto. No era una cuestión de tendencia ni de impacto. Había una sensibilidad detrás que conectó conmigo desde el primer momento.



Recientemente conocí a Gloria Lladó, directora creativa y cofundadora de eikō ai, y me enamoré inmediatamente de su dulzura, de su sensibilidad —ahí pude constatar esa coherencia entre la mujer, la mirada y las prendas del universo de su firma— y de esa fuerza silenciosa pero firme que habita en ella. Y al mismo tiempo reconocí algo más, una manera muy parecida de mirar y entender la moda. El valor que damos a la convivencia entre extremos, entre tradición y tecnología, calma y modernidad, masculinidad y feminidad, artesanía y futuro. Esa observación más lenta y emocional.


Fue entonces cuando entendí que esos seis años que habían pasado desde aquel primer contacto con la firma habían sido necesarios para poder conectar con ella desde el lugar en el que ambas estamos hoy. Personalmente, me hacía falta tiempo, madurez y otra manera de mirar y vivir la moda. Necesitaba recorrer todo ese camino.



Conocer el showroom de eikō ai diseñado por Isern Serra me hacía especial ilusión. Había visto imágenes del proyecto y me fascinaba esa manera de trasladar el imaginario de la firma al espacio físico: un lugar sereno, cálido, delicado y cambiante, concebido para transformar la experiencia de quien entra en él.


Al cruzar la puerta, el ritmo exterior desapareció. Barcelona seguía ahí fuera, pero dentro todo se suavizaba. La luz filtrándose por el espacio, las texturas naturales, las piezas móviles suspendidas, los tejidos reaccionando al movimiento, la calma. Todo estaba pensado para que las prendas respiraran y convivieran con el espacio de una forma orgánica. La paleta cromática en calma, los materiales texturizados y la manera en que la luz natural modificaba el espacio a lo largo del día conseguían que todo pareciera suspendido en un mismo silencio visual.

De sus perchas colgaba la colección primavera-verano 2026, «Ecos de la luz»: linos texturizados, sedas lavadas, algodones naturales, capas translúcidas, tonos nude, blancos respirables, pasteles empolvados, tejidos naturales, siluetas fluidas y esa sensación constante de movimiento y ligereza que atraviesa todo el universo de la firma. La delicadeza entendida no como fragilidad, sino como una forma de fuerza silenciosa. La tensión constante entre lo masculino y lo femenino. La ropa como algo que acompaña el cuerpo y convive con él de una manera natural, emocional y profundamente libre.

Todo respiraba la fascinación de Gloria Lladó por Japón y por esa manera de entender la estética desde la sutileza, el gesto contenido, la calma y la belleza silenciosa. Japón está presente incluso en el nombre de la firma: «eikō» sería la transcripción fonética de Gloria y «ai» significa amor. Esa sensibilidad atraviesa completamente sus colecciones, desde la artesanía hasta la manera en que los tejidos envuelven el cuerpo y reaccionan a la luz.

Me emocionó la sensación de sentir que el showroom no era un simple escenario, sino una extensión real del universo emocional de Gloria y, en consecuencia, de eikō ai. El espacio, la colección, la luz, los materiales, el silencio… todo me envolvía.
Y quizá eso fue lo más bonito de este reencuentro con eikō ai: entender que hay universos que una no reconoce plenamente hasta que también encuentra el lugar exacto desde el que mirarlos.



Antes de cerrar este artículo, quise hacerle algunas preguntas más personales a Gloria Lladó. Desde hace unos meses, acompaño algunos artículos con pequeñas mini entrevistas para acercarme, de otra manera, a las personas que hay detrás de ciertos universos creativos.

— En eikō ai la delicadeza nunca se percibe como fragilidad. ¿Qué relación tienes tú con esa dualidad entre suavidad y fuerza silenciosa?
Creo que durante mucho tiempo se ha confundido lo suave con lo débil, y para mí es justo lo contrario. La suavidad requiere mucha seguridad y mucha presencia. En eikō ai intento expresar esa idea: que algo puede ser sutil, ligero, casi silencioso… y aun así tener mucho carácter y fuerza.
— Tu fascinación por Japón atraviesa todo el universo de la firma. Más allá de la estética, ¿qué forma de mirar o de vivir sientes que te ha influido más de su cultura?
La sensibilidad hacia los pequeños detalles. También la idea de que todo puede tener intención, incluso lo más sencillo. Es una manera de mirar más pausada y consciente, que intento aplicar en todo lo que hago.
— ¿Qué detalle en una prenda, un tejido o un espacio sigue emocionándote aunque probablemente pase desapercibido para la mayoría de personas?
Los acabados interiores. Esos detalles que casi nadie ve pero que están ahí, bien pensados, bien hechos. Un dobladillo perfecto, una costura limpia, cómo cae un tejido cuando te mueves… Son cosas muy sutiles, pero para mí marcan completamente la diferencia y me siguen emocionando. Y también los tejidos, sin duda. Es la parte que más me fascina.
— ¿Cómo te gustaría que alguien se sintiera al entrar por primera vez en el universo eikō ai?
Me gustaría que se sintiera guapa, favorecida por todo: por el color, por la forma y por el tejido. Que se sintiera segura para el evento o la situación a la que va. Y que, después, recuerde esa experiencia también por cómo iba vestida.
— ¿Qué parte de ti aparece en eikō ai que quizá no muestras de otra manera?
Diría que es mi parte más intuitiva y más sensible. eikō ai me permite expresar cosas que a veces no sé poner en palabras: sensaciones y formas de ver el mundo. Todo eso lo traduzco en tejidos, colores y en un universo propio.
Fotografías: Patricia Bonet.

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