
“Entrar en Hijos de Nata”, para mí, tiene algo de esa primera cucharada de helado que siempre arranca una sonrisa. Esa mezcla entre dulzura, felicidad y una sensación infantil difícil de explicar.
Los tonos vainilla, la luz suave, el interiorismo, la manera en la que está pensado el espacio… todo transmite una manera muy concreta de mirar, la de Barb Bruno.


Fundadora de Tinycottons, The Tiny Big Sister, We are Gommu y ahora también de Hijos de Nata, Barb ha construido a lo largo de estos años un universo creativo muy reconocible, presente hoy en más de 55 países y con una identidad visual muy definida —tonos suaves, referencias naïf y una sensibilidad que mezcla infancia, diseño y emoción— que permanece intacta incluso cuando el formato cambia completamente.
Cuando hablas con Barb, aparece una mezcla de intuición, exigencia y una relación muy directa con lo que crea. Su identidad fue algo que se fue construyendo. Y ahí es donde empieza realmente lo interesante.


Hubo un tiempo en el que dudaba de lo que le gustaba y de lo que no, pero siguió… siguió probando, repitiendo, afinando y así empezó a darse cuenta de que todo lo que hacía compartía un mismo lenguaje, una sensibilidad que terminaba atravesándolo todo.
¿El resultado? Proyectos distintos en forma, pero profundamente conectados entre sí. Una expansión natural de una misma mirada, donde el diseño convive con cierta ternura, humor y una mezcla muy particular entre nostalgia, creatividad y modernidad.


Workaholic y profundamente entusiasta con todo lo que hace, Barb encuentra precisamente su lugar dentro de ese movimiento creativo constante. Siempre está pensando en algo nuevo, conectando ideas, imaginando proyectos y desarrollando posibilidades. Todo parece formar parte de ese universo creativo que la acompaña constantemente, incluso fuera del trabajo. Viajes, espacios, conversaciones o pequeños detalles terminan convirtiéndose en nuevas ideas. Y probablemente ahí también exista una parte importante de todo lo que ha conseguido construir hasta la fecha.

Escucharla a ella desde su propia voz nos descubre todo lo que hay detrás de su universo creativo. La forma en la que piensa, construye y entiende cada uno de sus proyectos queda muy bien reflejada en las respuestas que comparte a continuación.
— ¿Recuerdas en qué momento entendiste que lo tuyo no era solo tener una idea, sino construir un universo?
Soy una persona intensa, de buen carácter, muy constante y bastante obsesiva con mis sueños. Creo que no fue un momento concreto, sino una toma de conciencia progresiva.
Empecé a darme cuenta de que lo que creaba se parecía a lo anterior, que había un hilo conductor. Me emociona mucho cuando alguien me dice “esto es muy tú”, porque no siempre tuve esa confianza en mí misma. Me costó dejar de dudar de lo que me gusta o de lo que siento correcto.
Al principio tenía ideas, pero entendí que lo que realmente me interesaba era todo lo que pasaba alrededor: cómo se presentaban, cómo se vivían, qué emociones generaban. Construir ese pequeño universo… y luego varios.
Cuando vi que todo compartía un mismo lenguaje y una sensibilidad común, entendí que no estaba creando productos sueltos, sino algo más grande. Ahí empieza ese universo.

— Tus proyectos son muy distintos en formato, pero muy reconocibles entre sí. ¿Qué tiene que pasar para que algo “te pertenezca”?
Tiene que ser honesto. Si no lo siento mío, no funciona. Mis obsesiones se leen muy claras.
Para que algo me pertenezca tiene que pasar por un filtro muy exigente: intención, coherencia y capacidad de sostenerse en el tiempo.
No me interesa hacer cosas bonitas sin más. Me interesa construir cosas con sentido, que formen parte de un todo y que se vivan intensamente.
Por eso, aunque cambie el formato —ropa, juguetes o helado—, el lenguaje es el mismo.

— Has construido todo paso a paso, sin buscar crecer por crecer. ¿Cómo sabes cuándo algo está listo para dar el siguiente salto?
Cuando deja de ser frágil. Hay un momento en el que un proyecto ya no depende solo de la energía inicial o de la intuición, sino que tiene estructura, equipo, procesos… y puede sostenerse.
Ahí es cuando puedes crecer sin romper lo que has construido. Si creces antes de tiempo, lo pones en riesgo… y sí, alguna vez me ha pasado.

— ¿Te interesa más crear algo nuevo o seguir desarrollando lo que ya existe?
Las dos cosas, pero en momentos distintos. Soy bastante soñadora —o incluso un poco delirante—. Constantemente imagino marcas, nombres, productos… hago listas, bocetos, no paro nunca. Y lo disfruto muchísimo.
Crear algo nuevo es muy estimulante, casi adictivo. Pero desarrollar lo que ya existe y llevarlo más lejos es igual de desafiante.
Al final, necesitas la misma pasión para empezar algo que para sostenerlo en el tiempo.

— Hijos de Nata no es moda, pero se siente muy alineado contigo. ¿Qué te permite hacer este formato que no te permitía la ropa?
Me permite trabajar con lo inmediato. La moda tiene tiempos más largos, más estructurados. En cambio, con Hijos de Nata todo es directo: creas algo y la gente lo vive en ese mismo momento. Es una marca mucho más sensorial. Puedes trabajar el espacio, el olor, el sabor, la música… Es una experiencia completa, no solo un producto. Y eso, para mí, es una evolución muy natural.

— Hablas mucho del equipo como parte esencial del proyecto. ¿Qué tiene que tener una persona para formar parte de tu universo?
Actitud. El talento es importante, pero sin actitud no sirve de nada.
Intento rodearme de los mejores, pero también de personas que disfruten, que crezcan y que ganen conmigo. Necesito gente con sensibilidad, que entienda el proyecto, que cuide el detalle y que quiera construir a largo plazo. Y, sobre todo, gente que sume. Esto no va de individualidades, va de equipo.

— ¿Dónde sientes hoy que está el verdadero valor de una marca: en el producto o en la experiencia que genera?
En la suma de los dos, pero cada vez más en la experiencia.
El producto es la base, sin un buen producto no hay nada. Pero lo que realmente hace que una marca perdure es lo que genera alrededor: cómo te hace sentir, cómo conecta contigo, qué recuerdo deja.
Mi infancia y mis recuerdos están muy presentes en todo lo que hago, y cada vez lo veo más claro. Hoy, las marcas que funcionan son las que consiguen ser vividas, no solo compradas.
Fotografías: Patricia Bonet.

SIN COMENTARIOS