
Hoy quiero presentaros Little Berry, una nueva marca de sastrería infantil consciente, made in Barcelona, que nace y crea desde la honestidad. Aquí no hay artificio ni grandes relatos construidos a posteriori. Hay experiencia, oficio y muchas horas de trabajo real detrás de cada prenda. Para mí, además, tiene algo todavía más especial: detrás está Alba Ortega, amiga, diseñadora y una de esas personas que entienden la moda desde el respeto absoluto al proceso, a los materiales y al tiempo que requiere hacer bien las cosas. Os cuento su historia.



El proyecto de crear Little Berry nació en el verano de 2024, después de que Alba Ortega, diseñadora y patronista, y Enzo Tarantino, diseñador y especialista en dirección de empresas de moda, pasaran cinco años trabajando codo a codo en una empresa del sector textil. Dos perfiles complementarios que se encontraron en un mismo punto: el amor por el proceso, por el detalle y por todo aquello que no siempre se ve, pero que sostiene una colección de verdad. De esa etapa compartida surgió una inquietud común: crear desde la libertad, desde lo aprendido y desde una mirada más consciente hacia la moda infantil. Así tomó forma Little Berry, como un espacio propio donde diseñar sin atajos.


Hoy, Little Berry funciona casi como un atelier de sastrería infantil, donde cada prenda se piensa, se prueba, se ajusta y se vuelve a mirar antes de darse por terminada. Una forma de entender la sastrería infantil consciente desde el respeto al proceso y al oficio. Ese es su valor añadido, sumado al diseño y a la calidad de los tejidos: su manera de mostrar el camino completo, desde el primer boceto hasta el prototipo, la producción, las pruebas y las campañas. Sin filtros. Sin maquillaje. La marca no busca inventar relatos; prefiere contar su realidad: la de un estudio donde se pasan horas en el suelo eligiendo tejidos, donde se observa cómo cambia un color según la luz del día, donde los bocetos se manchan de migas de bocadillo mientras los hijos juegan alrededor y miran.




Crear moda infantil implica convivir con una dualidad constante entre lo profesional y lo espontáneo, entre lo cuidado y lo improvisado. Los shootings suceden con niños colgados a la espalda, trípodes que se pierden entre risas y cámaras que cambian de manos. Y es precisamente ahí donde Little Berry encuentra su identidad: en esa mezcla viva y real que conecta con las familias porque no pretende ocultar la verdad, sino celebrarla.
Cada prenda nace de ese equilibrio entre diseño y juego, entre técnica y emoción, entre lo que se planifica y lo que simplemente sucede. Little Berry no solo viste a los niños: acompaña su forma de descubrir el mundo.


Su colección FW25–26 se llama Recolectores de tesoros. Os cuento.
La colección FW25–26 Recolectores de tesoros nace de una imagen tan sencilla como poderosa: una flor que emerge entre las grietas del cemento. Pequeña, inesperada, casi rebelde. Una belleza que muchos pasarían por alto, pero que para quien sabe mirar es un auténtico tesoro.
Desde esta idea surge la metáfora de los niños como recolectores del presente. Seres capaces de detenerse, observar y encontrar valor donde los adultos solo ven rutina. Los niños guardan piedras imperfectas, hojas descartadas, flores sin nombre, pequeños objetos encontrados por el camino. Cada hallazgo encierra una historia, un universo propio. La colección FW25 celebra esa forma pura y espontánea de relacionarse con el mundo.


Las prendas están diseñadas para acompañar esa mirada curiosa. Incorporan grandes bolsillos, bolsillos ocultos, marsupios y soluciones funcionales que invitan a guardar, proteger y transportar los pequeños tesoros del día a día. No es solo una cuestión de utilidad, sino una manera de vestir la capacidad de asombro.
La imagen de la flor nacida en el cemento se traduce en el lenguaje visual y material de la colección a través de contrastes que dialogan entre sí. Tejidos que se encuentran, colores que se combinan y construcciones que equilibran volumen y ligereza. Los cortes geométricos y las estructuras modulares permiten mezclar texturas y crear siluetas con carácter, pensadas para el movimiento.


La nueva colección otoño-invierno 25–26 propone pantalones y vestidos de algodón suave combinados con punto nido de abeja, generando superficies con relieve. Los abrigos de tartán de lana, sólidos y cálidos, se contrastan con forros de punto que aportan confort inmediato. Las parkas de tejido técnico resistente esconden en su interior una felpa de algodón que abraza y acompaña. Los shorts globo en denim de Tencel exploran volúmenes redondeados inspirados en la naturaleza recolectora, como pequeñas bolsas donde guardar lo que importa.

Sobrecamisas acolchadas, pantalones con paneles mixtos y prendas en sarga combinada refuerzan esta idea de mezcla y de encuentros inesperados que construyen identidad. Cada pieza dialoga con las demás y permite combinaciones infinitas, reflejando la personalidad única de cada niño.
En Little Berry, vestirse es una extensión del juego. Una forma de explorar, de expresarse y de llevar —literal y simbólicamente— los tesoros que hacen especial cada invierno.

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