
Lo que me fascina de las perlas, es sus capacidad para sobrevivir al paso del tiempo y convertirse en símbolos de las emociones, los instantes y las relaciones: atraviesan generaciones, se impregnan de emociones, acompañan instantes importantes y relaciones que dejan huella. Hoy quiero presentaros Menuda Perla, una firma que nace desde ese lugar: el de la emoción, la intuición y una manera muy contemporánea de entender la joyería.
Detrás de Menuda Perla está Saleh Helalat y Sergi Jasanada, su historia no se diseñó sobre un papel, fue tomando forma casi sin darse cuenta. Todo empezó lejos de cualquier plan de negocio, durante un viaje de trabajo en agosto de 2025. Una semana fuera, una cena, y dos collares prestados. No fue solo una cuestión estética —aunque el impacto visual fue inmediato—, sino el constatar cómo una joya podía elevar un look, cambiar una actitud, modificar la forma de estar en un espacio. Ese gesto sencillo tuvo algo de revelación.

Al volver, la curiosidad hizo el resto. La búsqueda de “perlitas” para recrear aquella sensación abrió la puerta a un universo que muchos desconocen: el de las perlas naturales de cultivo de agua dulce. Lejos de ser una alternativa menor a las perlas marinas, estas perlas poseen hoy una calidad comparable y una riqueza estética aún mayor. Formas imperfectas, matices sutiles, tamaños irregulares. Ninguna es igual a otra. Y ahí está, precisamente, su fuerza. En un mundo obsesionado con la simetría, estas perlas reivindican la belleza de lo singular.
Los primeros collares nacieron casi como un ejercicio personal. Dos piezas hechas para ellos, con la ayuda y el asesoramiento de una familiar formada en joyería creativa en La Massana, que aportó el conocimiento técnico necesario para desarrollar un sistema de cierre profesional, resistente y bien resuelto. Ese detalle, aparentemente menor, marca ya una forma de hacer: cuidar lo invisible tanto como lo evidente.


Menuda Perla trabaja con proveedores directos de perlas y de piedras preciosas y semipreciosas, incorporadas a los diseños bajo demanda, y con metales nobles como la plata, el oro o el platino. Los cierres pueden adaptarse a estos materiales o mantenerse en acero inoxidable con baño de oro, una elección que combina resistencia, estética y funcionalidad. Nada es accesorio. Todo responde a una decisión consciente.
Cuando la intuición encuentra su forma
Menuda Perla empezó a existir de verdad cuando otros comenzaron a mirar. Amigos, conocidos, personas que preguntaban de dónde eran esos collares. La idea de crear una marca surgió así, de manera orgánica, sin forzar los tiempos. Una primera colección, una prueba, y la voluntad de observar qué pasaba y lo que está pasando supera cualquier expectativa inicial.


En poco más de un mes, algunas de sus piezas ya se mueven en contextos donde la imagen importa y el mensaje también: galas, alfombras rojas, eventos televisados como la entrega de premios del Comité Olímpico Español.
Personalmente me gusta la actitud que propone la firma: Una joyería emocional, sí, pero profundamente contemporánea. Lejos de códigos rígidos, de géneros o de ocasiones predeterminadas. Collares que no buscan imponerse, sino acompañar. Que funcionan igual sobre la piel desnuda que sobre una camisa blanca. Que no pretenden corregir, sino subrayar lo que ya está ahí.


Las perlas, en este contexto, dejan de ser un símbolo estático para convertirse en algo vivo. Hablan de tiempo, de transformación y de una belleza que no necesita ser perfecta para ser poderosa. Menuda Perla nace así: desde un gesto cotidiano que se convierte en relato, desde la intuición que encuentra forma, y desde la convicción de que las joyas más interesantes son aquellas que no se limitan a brillar, sino que cuentan quién eres cuando las llevas.
Par más información o disponibilidad, contacta directamente por mensaje privado a Menuda Perla (DM).

Fotografías: Sergi Jasanada.

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