
El pasado jueves, 19 de marzo, asistí en Casa Almagro (Madrid) a la presentación de Raíz y Flor, la nueva colección cápsula con la que defloresyfloreros celebra su XV aniversario junto a Ginger & Velvet.
En el invernadero de Casa Almagro, entre flores dispuestas sin exceso y una luz que entraba con calma, todo estaba planteado desde un lugar muy concreto: el del tiempo, el oficio y la atención al detalle, no como concepto, sino como forma real de hacer.

Raíz y Flor nace precisamente ahí, como un homenaje a lo que permanece, pero también a lo que evoluciona. A esas dos ideas —la raíz y la flor— que no se oponen, sino que se necesitan y se complementan: la raíz como origen, estructura y saber hacer; la flor como expresión, delicadeza y apertura creativa.




La colección se articula en torno a ese equilibrio y se traduce en nueve piezas —cinco chokers, dos anillos, una pulsera y un par de pendientes— que comparten algo más allá de su forma: una misma manera de entender la joya desde el gesto, el tiempo y la precisión, donde cada detalle responde a un proceso consciente y a una mirada que prioriza lo esencial sobre lo inmediato.



Algunas piezas adoptan siluetas florales reconocibles, mientras que otras se mantienen en lo esencial, trabajando a través de texturas, volúmenes y pequeños gestos en el acabado que sugieren más de lo que muestran. Es ahí donde la colección adquiere profundidad: si en Ginger & Velvet la flor aparece de forma más directa, casi como motivo, en defloresyfloreros su presencia es más sutil, presente en el lenguaje, en la sensibilidad y en esa forma de entender lo natural no como decoración, sino como punto de partida.

El resultado no es una suma de estilos, sino un diálogo íntimo entre dos marcas que comparten una misma manera de mirar: pausada, precisa y profundamente conectada con el proceso. Una forma de entender la artesanía que no busca llamar la atención, pero que inevitablemente la sostiene.



En un momento en el que todo parece acelerado, Raíz y Flor propone otra cadencia, más lenta, más consciente y más cercana a lo esencial. Quizá por eso no se siente únicamente como una colección aniversario, sino como una forma de posicionarse después de quince años: honrando lo aprendido, lo construido y todo aquello que, sin hacer ruido, sigue teniendo valor.
Las raíces que sostienen y lo que, cuando se hace bien, inevitablemente acaba floreciendo.

Las flores que acompañaban la presentación forman parte de Flores Solidarias, un proyecto con propósito que aporta una dimensión aún más significativa al conjunto.
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