
Eran muchas las ganas de vivir la experiencia en Camiral. Muchas. El viernes deseábamos salir de Barcelona a primera hora de la mañana, empezar el fin de semana con calma y dejarnos llevar por ese cambio de ritmo que tanto necesitamos de vez en cuando. Pero la realidad —el trabajo, las llamadas constantes, ese estrés que se instala casi sin darte cuenta en el día a día de la ciudad— retrasó nuestra salida hasta media tarde. Salimos con esa sensación tan familiar de cansancio acumulado que a veces arrastramos durante semanas. Quizá por eso el contraste fue todavía más evidente al llegar.
Justo al entrar en el resort algo empezó a cambiar. El paisaje se abrió en una sucesión de zonas verdes, lagos y caminos rodeados de pinos que nos introdujeron poco a poco en otro estado de ánimo, como si el entorno te preparara, sin prisa, para lo que viene después.



Camiral tiene algo especial que cuesta explicar con precisión: una sensación inmediata de calma. La arquitectura del hotel es luminosa y elegante, los espacios están pensados para respirar y el interiorismo consigue ese equilibrio difícil entre sofisticación y serenidad. Todo transmite una idea muy clara: aquí el tiempo no tiene por qué correr.


Nuestra suite se abría a la piscina y al campo de golf, con esa amplitud de paisaje que acompaña muy bien la sensación de descanso. A veces no hace falta hacer demasiado para empezar a desconectar; basta con mirar hacia fuera, dejar el teléfono a un lado y permitir que el silencio haga su trabajo.



Pero si hay un lugar dentro de Camiral que resume esa filosofía es su Wellness Centre. Lo que han logrado crear es, en cierto modo, un pequeño oasis muy cerca de Barcelona. Un espacio dedicado al cuidado del cuerpo y de la mente donde todo está pensado con una atención extraordinaria al detalle.



La arquitectura del wellness es amplia y luminosa, con materiales cálidos y una distribución que invita a moverse con calma. Los pasillos están salpicados de fotografías y obras que acompañan el recorrido hacia las cabinas de tratamiento, espacios generosos y tranquilos donde la luz natural y el silencio forman parte de la experiencia.



En el centro del wellness hay una zona de descanso que se convierte casi en un pequeño refugio entre tratamiento y tratamiento: sofás amplios, tés e infusiones con jengibre, fruta fresca, frutos secos y esa pausa que tantas veces olvidamos concedernos. Todo está cuidado con una delicadeza que se percibe en los pequeños gestos.

El sábado empezó con una clase de yoga que ayudó a despertar el cuerpo con suavidad. Afuera llovía y esa lluvia, lejos de alterar el plan del día, parecía formar parte del escenario perfecto para quedarse dentro, bajar el ritmo y dedicar tiempo al autocuidado.


Más tarde probé uno de los tratamientos más característicos del centro: el masaje Serena, un ritual diseñado especialmente para mujeres que combina técnicas drenantes y puntos de meridianos. Es un tratamiento profundo pero delicado, que trabaja sobre la circulación, estimula el colágeno y deja en el cuerpo una sensación muy clara de ligereza.

Después llegó una sesión de fotobiomodulación, una terapia que utiliza luz roja e infrarroja para estimular la energía celular, reducir pequeñas inflamaciones y favorecer la regeneración de la piel. Es una experiencia diferente, muy alineada con ese enfoque contemporáneo del bienestar que combina tecnología y cuidado manual.

El domingo cerré el recorrido con un facial oxigenante de Biologique Recherche combinado con DermioCare, un tratamiento que limpia y revitaliza la piel en profundidad. La aplicación de oxígeno negativo y luz LED aporta luminosidad y deja el rostro con esa sensación tan agradable de piel descansada.


Gorka quiso probar una de las experiencias más llamativas del wellness: la crioterapia a -110 ºC. Una terapia breve pero intensa que activa la circulación, libera endorfinas y ayuda a reducir la inflamación y el estrés físico. Salió de la cámara con esa mezcla de sorpresa y energía que suelen provocar este tipo de tratamientos. Y antes de irnos de Camiral, repitió.


Más allá de cada técnica concreta, lo que se percibe en el wellness de Camiral es una filosofía clara: el bienestar no es solo un tratamiento puntual, sino una forma de recuperar el equilibrio.


La experiencia también encuentra su lugar en la mesa. Aunque el resort cuenta con varios espacios donde comer o cenar, una de las noches quisimos descubrir Origin, el restaurante más cuidado del hotel.

Origen abre únicamente por la noche y propone un menú de temporada que celebra los ingredientes y las técnicas culinarias de Cataluña. La cocina parte siempre de un principio sencillo: respetar el producto. Pescado fresco seleccionado en el mercado local, ingredientes procedentes de su propia huerta o de pequeños productores del entorno y elaboraciones que buscan preservar la esencia de cada sabor.
Las técnicas son deliberadamente limpias y precisas, pensadas para que el producto hable por sí mismo. Desde platos de temporada hasta propuestas más clásicas como el Beef Wellington, todo está construido con ese respeto por el origen y la materia prima que define la mejor cocina mediterránea. El resultado es una experiencia gastronómica elegante, cercana y profundamente ligada al territorio.

La cena fue excelente, de esas que se disfrutan despacio, con conversaciones largas y la sensación de que el día termina exactamente como debía.


Ayer, de vuelta a Barcelona, la diferencia era evidente: habíamos soltado el estrés y cambiado la energía con la que llegamos.
Quizá porque, al final, lo que ofrece Camiral no es solo un resort extraordinario ni un wellness de primer nivel. Lo que realmente ofrece es algo que cada vez valoramos más: la oportunidad de parar.
No es casualidad que se haya consolidado como uno de los resorts de bienestar más importantes de Europa, reconocido por su enfoque integral del wellness y por un centro dedicado al cuidado del cuerpo y la mente donde cada detalle está pensado para ayudar a recuperar el equilibrio. A este posicionamiento se suma además un hito que refuerza su proyección internacional: en 2031 Camiral acogerá la Ryder Cup, uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.

Y después de un fin de semana allí, uno entiende perfectamente por qué.
Fotografías: Gorka González.

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