
El pasado 21 de abril asistí al trunk show de La Roca Village con Patricia Sañes, quien nos recibió, acompañó y presentó el desfile, aportando su mirada en la dirección artística, que se percibía con claridad en cada uno de los looks. Se celebró en los salones privados del Village, un espacio con muchísima personalidad, con estancias muy ricas visualmente y muy distintas entre sí, cada una con su propia atmósfera pero en diálogo constante, donde la mezcla de colores, textiles y mobiliario construye un entorno muy agradable, muy vivido, en el que todo encaja de forma natural.




La tarde fue tomando forma poco a poco, casi sin darnos cuenta. Nos íbamos encontrando entre los sofás, muchas caras conocidas, conversaciones que se cruzaban, ese punto de encuentro entre mujeres que compartimos sensibilidad por la moda y que hace que todo resulte mucho más cercano.




Durante la presentación, Patricia hablaba de recuperar ese formato de los pequeños desfiles en salones privados, como los de los años 50, donde las clientas tenían un contacto directo con las prendas y con las modelos. Y es exactamente lo que sucedía allí. El desfile se integraba en el propio espacio, sin distancia, con las modelos recorriendo las estancias entre nosotras, permitiendo ver los tejidos, el movimiento y los detalles desde muy cerca, de una forma mucho más real.

La selección reunía algunas de las firmas más representativas del Village —Prada, Max Mara, Burberry, Gucci, Balenciaga, Loewe, Valentino, Etro— en una propuesta muy alineada con la temporada, donde el color tenía mucho protagonismo, los estampados estaban muy presentes y las siluetas se movían entre lo relajado y lo más estructurado con bastante equilibrio.




Hubo varios looks que me gustaron especialmente. El primero de Prada, que abría el desfile, me pareció muy acertado: un top en verde menta con cuello blanco combinado con una falda plisada semitransparente con estampado floral, junto a mules en charol blanco roto y el bolso Galleria en edición limitada con apliques florales. También el de Max Mara, de la colección cápsula Weekend con Ashley Park, con una gabardina floral combinada con camisa blanca sin mangas y pantalón capri de tiro alto en el mismo registro, muy coherente y fácil de llevar. Y, en otro registro, la camisa efecto kimono de Balenciaga, con esa silueta más relajada que aportaba contraste.






Al terminar el desfile, Patricia nos invitó a pasar al backstage. Los looks estaban perfectamente organizados en diferentes percheros, lo que permitía ver cada pieza con calma, acercarse a los tejidos y entender mejor los cortes y los detalles. Era un momento mucho más pausado, casi íntimo, donde podías incluso probarte lo que te había llamado la atención durante el desfile y, si te apetecía, comprar tanto prendas como accesorios. Una forma muy directa de conectar con la colección, mucho más real y cercana.




En una de las salas, la merienda reinterpretaba Alicia en el País de las Maravillas con una puesta en escena muy cuidada, donde no faltaban los merengues en tonos pastel, tartas de vainilla con buttercream rosa, nata, fresas y frutos del bosque. Todo muy delicado, muy apetecible y perfectamente integrado en la atmósfera del espacio.

Antes de empezar, Patricia compartía también la idea que daba sentido al trunk show: reunir algunas de las mejores firmas del Village y ofrecer una oportunidad poco habitual de ver y acercarse a este tipo de piezas fuera de su contexto habitual, con la intención de inspirarnos para llenar el armario de ilusión esta primavera-verano. Tal y como comentó, lo que vestimos debería hablar de quiénes somos.
Feliz lectura, feliz semana.
Fotografías: Gerard Estadella

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